miércoles, 19 de octubre de 2016

VIVAS NOS QUEREMOS


"LAS MUJERES MUERTAS POR ABORTOS CLANDESTINOS SON AFECTADAS CON EL ANONIMATO TOTAL"



 El sábado 8 de octubre durante el Encuentro Nacional de Mujeres XXXI, no encontramos con Ruth Zurbriggen, docente, feminista, activista de la lucha a favor del Derecho al Aborto y militante de la organización La Revuelta. Nos habló de sus tránsitos políticos y de la convivencia de sus posturas ideológicas con la práctica docente. Trató al Aborto como un derecho que cuando no es reconocido y cuidado tiene consecuencias fatales. Nos señaló cuáles son algunos de los discursos misóginos criminalizadores de la práctica abortiva y nos dejó su punto de vista acerca de los encuentros de mujeres que luego devienen en otras proliferaciones y son germen para la lucha.  

 Hoy, tras el asesinato de Lucía Peréz que sacudió la sensibilidad social, se ha convocado a paro y movilización nacional, bajo la consigna VIVAS NOS QUEREMOS.
Plaza San Martín, Rosario. Foto, Evelyn López.
 Los femicidios tienen distintas modalidades, en Argentina cada 30 horas muere una mujer víctima del patriarcado que cuando no está encarnado en un asesino concreto se materializa en la desprotección, violencia y omisión ante la problemática de género. Las medidas legales que se han tomado son obsoletas, dado que la realidad violenta que atraviesan las mujeres no ha podido ser modificada. Sin embargo, lejos de la victimización inocua y estática, las mujeres nos continuamos organizando para exigir el cumplimiento de nuestros derechos. Ante una sociedad que se rehúsa a reconocer el lugar de privilegio de la masculinidad y la puerta de entrada que esto le da a la impunidad, organizaciones y mujeres independientes denunciamos con voz firme, en la calle, NO ESTAMOS SOLAS, NOS HALLAMOS JUNTAS y ORGANIZADAS. La lucha es grande, no somos exageradas, ¡PAREN DE VIOLARNOS!, ¡PAREN DE MATARNOS! Nuestro cuerpo, como lo comprende Zurbriggen, es un territorio político que clama protección y soberanía, al igual que nuestras ideas, y todas nuestras manifestaciones atravesadas por nuestra identidad de género.
 Luego de la represión en Rosario y de las muchas mujeres que siguen apareciendo asesinadas, seguimos empujando de cara a lo que es nuestro, el derecho a la vida no se negocia. Una nota para pensar y recordar que a paso firme continuaremos construyendo líneas de acción que nos dirijan a la emancipación por una sociedad justa e igualitaria. 



 ¿Cómo se origina la organización La Revuelta?

 La Revuelta es una colectiva feminista que formamos en el año 2001. Empezamos a activar un 8 de marzo. Más de una vez hemos pensado que somos deudoras de un momento político y social de nuestro país que devino después en la echada del ex presidente De la Rúa, y deudoras de los movimientos que surgen partir de la crisis de ese año.

 En principio nuestra preocupación estaba vinculada a nuestros tránsitos por carreras universitarias. “Nuestros” porque éramos tres compañeras preocupadas por nuestros saberes.
Circulaban por la academia conocimientos profundamente androcéntricos, sexistas, donde las teorías feministas parecían no tener ningún aporte para hacer. Inquietas con eso empezamos a conversar la posibilidad de reunirnos. Dos compañeras que cursábamos la carrera de Ciencias de la Educación, y una compañera, que fue profesora nuestra en una de las materias, nos encontramos en un Encuentro de Mujeres transitando por los mismos talleres y decidimos armar la colectiva. Como te decía antes: preocupadas por la producción de saberes, y por cómo rescatar la teoría feminista. 

 Nos interesó de entrada un feminismo activista, preocupado por intervenir en política. Desde nuestros inicios siempre dijimos que eran aspectos que queríamos combinar, no pretendíamos un feminismo por detrás de los escritorios por decirlo de manera gráfica, ni un feminismo oenegenista -vinculado a las ONG-. No porque nos parecía que ese feminismo no tenía que existir, sino porque nuestros intereses se dirigían hacia otro lado. (…)
 Hoy, a 15 años de nuestra existencia, venimos pensando en  cómo nosotras también vamos deviniendo en otras. No somos las mismas de aquel 2001, y si bien hay ciertos principios, o marcas dentro de La revuelta para pensar la realidad, también fuimos modificando algunas de las cosas, recapacitando mucho sobre las estrategias para las articulaciones -trabajo en redes-.
 Sin lugar a duda, estos años han sido de mucha movilización hacia el interior del grupo, y a la vez de mucha sospecha sobre nuestros propios pensamientos.


 ¿Cómo entendés y vivís al feminismo?

 El feminismo es, entre otras cosas, revolución. Es una gran revolución interna y colectiva a la vez. El feminismo es organización colectiva desde el punto de vista desde donde yo lo pienso. Es activismo, sospecha permanente e intransigencia semántica. Me parece que es tantas cosas, pero fundamentalmente te diría que es una enorme revolución y que también es placer. A mí me permite, más allá de todas las injusticias que el heteropatriarcado genera, produce y reproduce constantemente, la posibilidad de estar agrupada en colectivas feministas. Nos hace mejores las vidas, nos humaniza las existencias.

  ¿Qué relación hay entre tu actividad militante y tu tarea docente?

 Te diría que están intrínsecamente ligadas. No puedo pensar el activismo feminista fuera de mis tránsitos por todas las instituciones en las que estoy. En gran medida me ha permitido desalienar mi práctica docente, porque me ha concedido, entre otras cosas, entender la importancia de entrar entera al aula; con mi sexualidad; con mi género; incorporar perspectivas de trabajo y organizar las materias que dicto al calor de las teorías feministas, como teorías que pueden explicar muchos de los problemas que tenemos. Me volvió más interesante la práctica docente porque entiendo que me tornó más interesantes los vínculos pedagógicos. Esta idea de que lo personal es político a mí me parece que es muy importante llevarla a todos lados. Yo milité 10 años en el trotskismo, y la escisión que vivía constante entre lo que hacía adentro de la escuela y mi práctica militante afuera fue un problema. Fue algo que tuve que desentrañar y desandar, poniéndole mucha energía y mucho pensamiento a eso. (…) Actualmente no estoy en un partido trotskista, pero de esa escisión es muy importante huir.
 Una vez participé de una conferencia internacional donde nos encontrábamos muchísimas personas. En un momento del evento se escuchaban relatos de quienes habían abortado. Era un momento muy cuidado porque éramos como 800 sujetxs en un estadio, subías al escenario y tenías hasta cuatro o cinco minutos para contar tu aborto. Si durante 2 minutos nadie subía, la actividad se levantaba. La primera en pasar fue una profesora, quien dijo que iba a hablar de su aborto porque ahí había muchas estudiantes  y porque a ella le hubiera gustado que sus profesoras les contaran de sus abortos para entenderlo de otra forma cuando lo tuvo que vivenciar. Ella hacía esa puesta política: “voy a hablar de mi aborto para que también las estudiantes sepan que las profesoras hemos abortado”. En ese sentido me parece que esto es entrar enteras a las aulas. Si estás en los talleres de educación sexual integral con chicos y chicas de escuelas primarias y vas a hablar  de la menstruación, es bueno contar que nosotras hemos menstruado; que nos sale sangre; que la sangre es roja; que hay días del mes que vamos menstruando y nos cambiamos la toallita cuando vamos al baño. Digo, parecen cosas nimias y sin embargo son cosas tan importantes para esa experiencia cotidiana que significa estar en las instituciones educativas.

Entrevistada, Ruth Zurbriggen. Plaza San Martín, Rosario. Foto, Evelyn López.


 ¿El cuerpo es un territorio político?

 Sin lugar a dudas. Pienso al cuerpo como nuestro primer territorio, como nuestra primera materialidad. Y tanto es un territorio político que están sobre él todos los poderes que deciden, en especial sobre los cuerpos de las mujeres. Vos fijate que en este país, más allá de las últimas declaraciones del obispo, seguramente asesino, torturador y genocida -Aguer-, quien hizo un llamado al presidente Mauricio Macri para derogar la Ley de Identidad de género, (claro que lo hace porque encuentra terreno fértil para hacerlo, bien agazapado estaba en todo este tiempo), tenemos una Ley, que creo que es de las leyes más revolucionarias que pudo haber dado este Estado. Un Estado capitalista, burgués, racista, colonizador, violento, violador y femicida, al que sin embargo, se le pudo arrancar la Ley de Identidad de Género que le permite a un persona, si  así lo desea, cambiar su cuerpo a través de tratamientos de hormonización y hacerse tratamientos que le permitan adecuar su imagen a la identidad auto-percibida, es decir, decidir sobre ese territorio político que es el cuerpo.  Nombro la Ley de identidad de Género, porque me parece que es la más cercana a lo que estamos hablando: decidir sobre nuestro cuerpo. Por otra parte, dentro del hetero-patriarcado las mujeres no tenemos el derecho de decidir sobre nuestro cuerpo, esto está directamente vinculado al capitalismo que necesitan sostener, y está vinculado también a quien se le concede el derecho a decidir si una vida es o no. En este Estado eso se le concede a las fuerzas represivas, fuerza que te reprime, decide si tu vida sigue o no sigue, y te mata, como ha pasado en tantos momentos históricos de este país. Lo que se juega en la decisión sobre nuestros cuerpos en parte es este poder que tenemos las mujeres: decidir si nacerá o no nacerá,  poder que seguimos ejerciendo. Por lo tanto, sí es un territorio político sobre el que se imprimen todos estos discursos, pero es un territorio político también, y me interesa dejarlo señalado, donde se inscribe el poderío que tenemos, porque pese a toda esa criminalización social, cuando decidimos que no, es no, y ese embarazo no avanza. Es un poder inmenso.

 ¿Qué entendés por aborto, seguro, legal y gratuito?

 En principio entiendo que el aborto es casi una práctica anticonceptiva, una práctica cultural, tan cotidiana como ancestral, y creo que nuestros cuerpos, los cuerpos de las mujeres y de toda persona con capacidad de gestar debieran tener el reconocimiento de ese territorio soberano sobre el que podemos decidir. Creo que el aborto, seguro, legal, gratuito es una necesidad, pero también nosotras apostamos al aborto libre y esto es parte de los debates que nos venimos dando a partir de acompañar a mujeres a abortar.
 Hace 5 años (quizás) te diriría que nuestro sur estaba puesto en el aborto seguro legal y gratuito, hoy a eso lo ampliamos un poco más, pensando en la importancia de despenalizar el aborto del Código Penal para que accedamos a abortos que no estén vinculados a la penalización y fuera del lugar del crimen. Claro que necesitamos también que el Estado nos garantice seguridad a través del sistema de salud. No solamente en los hospitales, también en los centros de salud. Nos parece que es muy importante, a partir de la práctica socorrista que estamos desarrollando, interferir en prácticas médicas hegemónicas que aún garantizando causales de aborto legal como están estipuladas en nuestro país siguen violentando a las mujeres. No digo que todo el personal de salud lo haga, pero sí todavía tenemos una manera de pensar la ciencia médica que es casi la apropiación del otro cuerpo.

 ¿Cuáles son los discursos que criminalizan y estigmatizan la práctica del aborto?
  
 Hay muchos y se reflejan en parte en el silencio social que hay en relación a que quienes abortan. Muchas veces lo vivencian como algo vergonzante, algo que no se puede decir. Los discursos más criminalizadores de la práctica provienen de todos los sectores anti-derechos, conservadores, fundamentalistas que están  como apertrechados en las jerarquías eclesiásticas. En las jerarquías no sólo de la iglesia católica. Hay discursos médicos que criminalizan la práctica cuando, por ejemplo, esa respuesta que dan algunos médicos y médicas cuando una mujer se acerca y pide un aborto: “pensá qué sería de tu hijo Joaquin, no estaría si vos lo hubieras abortado”, poniendo al aborto en el mismo lugar que ese hijo, me parece que es una aberración de la criminalización. También hay discursos educativos, pedagógicos que criminalizan el aborto. Toda vez que la escuela se dedica a formarte para la maternidad forzosa está criminalizando el aborto. Creo que hay un debate como dice Laura Klein, sobre el que pareciera que no nos queremos meter, sobre el que hace falta hablar. Nos parece a nosotras que tenemos que hablar de los embarazos, como hechos sociales que tienen dos rumbos en todo caso: continuarlo o no continuarlo. Hay que poder hablar. Hacernos cargo de hablar del embarazo y en todo caso me gusta pensarlo como lo piensa Laura Klein: el aborto como la parte maldita del embarazo,  pero es un suceso que existe. En las escuelas debemos enseñar que eso es otra posibilidad, que ante un embarazo no hay un designio divino que te dice que si o si tenés que continuarlo. Luego me parece que también hay discursos periodísticos vinculados a la criminalización, por ejemplo, aún cuando se hace un muy buen tratamiento del tema, porque entiendo que hemos avanzado en el tratamiento del tema a nivel social, y eso a influido también en los medios de comunicación, por supuesto que eso acompañado de todo lo que es la red de periodista con perspectiva de género, y con un movimiento que acompaña estos procesos, si no sería imposible.  Digo, aún con buenos tratamientos, aún con periodistas que cierran sus programas diciendo “ABORTO, LEGAL, SEGURO Y GRATUITO es una necesidad”, al hablar del tema ponen en las imágenes a mujeres con panzas de 7,8,9 meses, eso es un discurso criminalizador. La imagen que te queda es que podés abortar cuando estás de 7,8,9 meses y las mujeres sabemos que allí ya no nos practicamos abortos.

 ¿De qué forma afecta la cuestión de clase a las mujeres que desean abortar?

 Se les va la vida a las mujeres que desean abortar cuando no tienen las condiciones económicas necesarias, afecta directamente la vida y la salud, es un tema de justicia social muy importante, por eso la importancia del aborto legal seguro y gratuito. Y afecta, cuando lo que se cobra es la vida de una mujer que accede a la práctica de un aborto e inseguro, a toda una familia. ¿Por qué lo digo? Termina siendo altamente vergonzante para una familia asumir que su hija, su madre, su tía, etc., murió por la práctica de un aborto clandestino. Incluso las mujeres muertas por abortos clandestinos son afectadas con el anonimato total, son las olvidadas. No tenemos nombres, no tenemos sus historias de vida, o las tenemos cuando suceden hechos como los de Ana María Acevedo, a quien conocimos por el movimiento de mujeres y todo lo que hemos hecho para denunciar lo que allí pasó. Es tremenda la afectación, porque pareciera que son esos cuerpos  que no importan, esas vidas que no importan y eso también viene a ser un discurso criminalizador.

 ¿Cuál es el desafío de entrar a las escuelas con el tema del aborto?

 El principal desafío es des-estigmatizar el tema. Si hablamos de aborto en todo caso el desafío es que podamos aparecer como lo que somos, somos cuidadoras de la salud, de la vida. De la vida justamente de mujeres empobrecidas económicamente, que son por lo pronto las que vienen a nosotras. Hablar de aborto en las instituciones nos permite que se acerquen las estudiantes y que te digan “profe…” en algún momento que necesitan información, o que te digan “necesito hablar con usted para resolver esto”, o lo que nos acaba  de pasar acá en la plaza por ejemplo, se acercó una chica y dijo “estoy de 8 semanas y yo necesito abortar”.  El desafío es sacarlo del lugar de la criminalización, des-estigmatizar, colaborar en des-estigmatizar la práctica. Abordarlo desde la complejidad que tiene. Yo quiero disputar sentidos en las aulas y significados acerca del mundo en el que vivimos,  entonces no quiero discutir si estoy a favor o en contra del aborto, quiero discutir lo que es el aborto en todo caso, y quiero discutir por qué está prohibido. La manera de la práctica masculina, esa de Boca o River, no va  con esta discusión. Incorporar la complejidad de la temática, es una necesidad y la tenemos que pensar quienes activamos en este tema. A nosotras nos viene dando mucho resultado, sobre todo con docentes. Trabajo también en formación de docentes que ya están en ejercicio a través de articulaciones con dos sindicatos de allá, con el sindicato de docentes de Neuquén y de Río Negro. Una cosa que nos ha salido bien para hablar del tema con docentes, es trabajar con los relatos que estamos escribiendo las Socorristas sobre los acompañamientos que hacemos. En esos relatos estamos trayendo o tratando de traer una partecita de la vida de esas mujeres. En definitiva creo que el gran desafío es humanizar el aborto.

 A diez años de la sanción de la Ley de Educación Sexual Integral ¿qué transformaciones o modificaciones sociales percibís?
 La Ley ha colaborado en pensar que la sexualidad es mucho más que genitalidad, en eso hemos avanzado, en instalar otros discursos. Me parece que todavía tenemos un larguísimo camino para andar y sobre todo con las y los docentes, más que con las familias, que a veces son el “gran cuco”.
 En mi de trabajo antes de la ESI desarrollaba talleres de educación sexual y no eran integrales, si pienso en las perspectivas que tiene la Ley hoy, es decir las perspectivas que trajo. Entiendo que tuve prácticas de educación sexual que eran heterosexistas las puedo mirar ahora críticamente, en los últimos años. No tuve problemas con las familias, en realidad las familias descansaban en el trabajo que yo  podía hacer porque colaboramos en discusiones que son muy difíciles de desarrollar dentro de los  grupos familiares. No sólo porque en los grupos familiares puede haber maltrato o abuso, sino porque aún cuando la familia está libre de eso, es muy difícil hablar de sexualidad con nuestras hijas, con nuestros hijos, entonces todavía nos queda mucho trabajo con las y los docentes. Ahí hay un músculo bastante difícil de romper porque además también hay una especie de banalización, pareciera que todo es ESI, “hoy nos juntamos, hablamos de lo que nos pasa” eso es ESI (sarcásticamente). La ESI implica estudiar; cambiar nuestra mirada sobre la educación sexual; incorporar al menos 5 ejes de trabajo que son fundamentales para pensar la integralidad. Aún hay mucha educación sexual para la normativización en las escuelas lamentablemente. Yo a 10 años te diría que también tengo dudas: ¿quiénes son las personas más indicadas para enseñar sobre ESI? Las docentes y los docentes, pero ¿con qué perspectiva? Si no revisamos eso, la ESI va a ser ineficaz. Porque si seguimos con perspectivas que reproducen órdenes normalizadores, tradiciones biologicistas, y biomédicas en un punto moralizantes, vamos a seguir con problemas. Me parece importante pensar que las escuelas no resuelven todo, lo que podemos hacer en las escuelas es poner a disposición otros discursos posibles, otros imaginarios, disputar sentidos en relación a eso y después las y los y les verán si transforman, o no, a partir de eso sus imaginarios.

 ¿Qué implica una transformación en el lenguaje que se corra de la generalización masculina?

 Es fundamental pensando en que lo que no se nombra no existe, en que si seguimos nombrando la vida en masculino, el imaginario entonces va a seguir siendo masculino, androcéntrico, sexista, violento. El lenguaje nos da la capacidad de pensar, nos da la capacidad  de pensar otros mundos y por eso es  importante nombrar lo más que podamos la realidad, así que me parece que el hecho de nombrar de esta manera, apodera a las, los, les sujetes, porque visibiliza, porque trae al escenario a que pensemos que la vida no se divide en dos y que en esa división hay uno que está por encima del otro que es el masculino. No se trata sólo de nombrar porque  “ay, ¡qué pesadas estas!”, “como alargan el lenguaje” y esas discusiones que se hacen, o que a veces se nombran pero que no cambia el estatus. Yo puedo ser un dirigente sindical y sumar en mis discursos el femenino pero si como dirigente no trato de interpelar la cultura masculina del sindicato la verdad que no sirve de nada que nombres. Por ejemplo, si las mujeres del sindicato siguen siendo las que pagan el alquiler del local, siguen ocupándose del trabajo doméstico del local y no piensa en política porque no se reconfigura, entre tanto, los horarios del sindicato que son horarios profundamente masculinos, no alcanza. Nombrar es muy importante para cambiar el status, el status que desiguala, es decir traer la diferencia, pero no una diferencia desigualada cuando te nombro.

(…)

 ¿Qué relevancia tiene el encuentro Nacional de mujeres, viendo a la mujer como una sujeta política capaz de reflexionar su realidad?
 Hoy las compañeras en el documento de apertura, decían que los encuentros son como el caldero para seguir organizando nuestras resistencias, nuestras luchas. Es una metáfora muy interesante, porque los encuentros nacionales de mujeres no son espacios armónicos ni equilibrados, hay disputas, hay diferencias nos cambian, aún a las que venimos hace muchos años. Siempre te deja con algo para seguir pensando o te deja con energías para terminar el año y seguir rearmándote para transitar el que viene, hay miles de encuentros adentro del Encuentro.
 Habría que pensar en la capacidad que tenemos, el movimiento de este país tiene una capacidad enorme. Nos organizarnos con 69 talleres, un evento que crece y que no deja de crecer, es un acontecimiento político y habría que pensar cómo es que se sostiene porque no alcanza con algunas explicaciones que hasta aquí nos hemos dado, hay que seguir hurgando un poco más acerca de todo lo que va pasando, hay decisiones políticas para que se hagan los encuentros, pero hay mucho más y los encuentros tienen promesas de destino o otros destinos posibles y creo que por eso acapara tanto nuestra energía para venir.


  

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