sábado, 23 de julio de 2016

"¡Corré pibe, que viene la yuta!"


Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional




 María del Carmen Verdú, abogada y militante de la organización CORREPI, (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional), protagonizó esta entrevista. Sumamente comprometida con las causas donde el Estado ejecuta políticas represivas, entiende a tales como parte de un plan que acrecienta la pobreza y remarca la desigualdad. 
 Nos reunimos el 15 de junio del corriente año con el objetivo de conversar acerca de la organización y distintos posicionamientos conceptuales.
 Ciertos interrogantes como ¿por qué existen organismos que definen planes de lucha?, ¿cuáles son los hechos que producen un proceso de organización? Se responden a partir de la historia y la identidad de esta organización que ha ido creciendo políticamente, desde el debate y el trabajo permanente en los barrios.
 Militantes de CORREPI se encuentran en constante articulación para desarrollar actividades donde se pone en tela de juicio el rol de las fuerzas de seguridad. Este año lanzaron la Campaña Contra las Detenciones Arbitrarias, brindando información relevante, especialmente para la juventud que es uno de los blancos de la represión. Radio abierta, paneles, teatro, murgas, festivales, talleres, son algunas de las tantas propuestas que tienen para ganar consciencia en la calle.
 La conversación con Carmen fue muy intensa, como militante con trayectoria, locuaz y de sentido práctico, desplegó un gran tejido de anécdotas y conceptos. Es interesante observar cómo errores de significado y cierta interpretación de la realidad pueden devenir en un creciente número de injusticias.
  Ésta es tan sólo la primera parte de la entrevista, se publicará luego el segmento que la completa. Es difícil seleccionar información cuando, sin caer en la adulación, se halla a cuadros de tal magnitud con tanta impronta en el discurso, un discurso que no se encuentra preocupado por lo estrictamente correcto en la forma, pero sí hace hincapié en la autenticidad del contenido, ese es pues, otra de sus coherencias pragmáticas.   



 María del Carmen Verdú. Foto seleccionada por Leo Polio. 






 ¿Cómo se originó la organización CORREPI?


 Bueno, CORREPI es el resultado de un proceso que llevó unos cuantos años, no ocurrió en un momento determinado. A veces, cuando nos preguntan cuál es la fecha de fundación de CORREPI, no podemos contestar. Lo que sucedió fue que a fines de la década del ´80, entre el ´85 y ´86, algunos amigos, por distintas situaciones a las que nos vinculamos por relaciones sociales, personales, de barrio o familiares, empezamos a prestar atención a situaciones de represión policial, puntualmente fusilamientos por gatillo fácil y muertes en comisarías y cárceles. Tuvimos un primer caso en cuestión, un muerto en una cárcel de Olmos, y varios casos, sobre todo en zona oeste, de pibes fusilados, o pibes detenidos arbitrariamente que después aparecían muertos en la comisaría.
 Un par de nosotros éramos abogados recién recibidos, entonces pudimos vincularnos también a partir de la  intervención en las causas como patrocinantes de las familias, obviamente en forma solidaria. Lo primero que nos empezó  a llamar la atención, fue cómo se repetían un montón de elementos que aparecían exactamente igual. Llegaba un punto en que vos no sabías, si sacabas los nombres de las víctimas, de qué causa estabas hablando. Cosas sistemáticas, como  el plantado de arma en los fusilamientos; los cuerpos que llegaban a la morgue en condiciones que hacían imposible el tomado de muestras para cotejar si había restos de pólvora en la mano de los chicos, para poder discutir la versión del enfrentamiento; un manejo judicial que tomaba a libro cerrado y de manera completamente acrítica la versión policial y en cambio ponía en duda cualquier cuestionamiento que hiciera la familia. En fin, toda una serie de elementos muy similares que nos llevaron a sacar la primera conclusión: no estábamos, evidentemente, ante una suma de casualidades, porque no podía ocurrir que esto fuera sistemáticamente así, máxime cuando nos pusimos a investigar y nos encontramos, más allá de los casos en los que estábamos interviniendo, con historias idénticas en todo el país y de todos los tiempos. En particular hubo un hecho muy fuerte vinculado con las detenciones arbitrarias y las muertes en comisarías que fue la muerte de ocho chicos en una comisaría del menor en Formosa. Eran pibes de 12 a 16 años, la primera pregunta: ¿Qué corno hacía un pibe de 13,14, o 15 años en una comisaría? En una comisaría, sin causa penal, porque encima eran detenciones por averiguación de antecedentes, por faltas, por contravenciones. Ahí se nos abrió otro eje de discusión vinculado con el sistema de detenciones arbitrarias, es decir detenciones dónde no hay ni un juez, ni un fiscal, que esté pidiendo una captura, ni hay un hecho flagrante donde la policía te detiene porque estás medio cuerpo adentro del auto con la tenaza y lo que arrancaste del frente del pasacassette.
 Nuestra intención no era generar una organización nueva, cuando tuvimos un panorama un poquitito más desarrollado, a partir del cotejo de todos estos datos de la realidad y un análisis, llegamos a la conclusión de que estábamos hablando de una política de Estado y que era necesario darle una respuesta no solo a cada caso individual con el patrocinio de la familia, sino desde un espacio de organización
. Llevamos el tema, previo pedidos de reuniones, a los organismos de DDHH que existían en ese momento.  Nos fue muy mal, por eso yo siempre digo que CORREPI, como organización, es el fruto de un fracaso bien aprovechado. 

¿Por qué “mal”?

 Nos fue mal porque por un lado, hubo organizaciones u organismos que nos contestaron que estábamos planteándoles un problema de policías y ladrones, y que de ninguna manera era válido lo que estábamos proponiendo como parte de la militancia de un organismo de DDHH, sino que eran hechos individuales: alguien había robado y la policía lo había matado.

 ¿No asumían el carácter sistemático de la vulneración de derechos en estos casos?

 Ni la sistematización, ni sobre todo el carácter de hecho imputable a la política represiva estatal en su conjunto. En segundo lugar había un grosero error de concepto porque en uno de los organismo que visité me respondieron: “vos no tenés derecho a poner en el mismo platillo de la balanza como víctima de  represión Estatal a tres negros tirados en una esquina tomando cerveza, (referencia: para entonces ya había ocurrido la masacre de Budge, mayo del 87, caso que yo había llevado como caso testigo, porque además habíamos visto un poco la luz con el tema de la organización que se dio en el barrio, de la que éramos parte) con mi hijo que era un militante revolucionario”. Ese error de concepto básico, más allá de que ahí estaba muy claro la cuestión de clase, se imprime en que vos caracterizás determinada situación como violación a los derechos humanos por la naturaleza del victimario, no por la naturaleza de la víctima, porque justamente una característica de la política estatal en materia de represión es que los cañones van a apuntar al enemigo que en ese momento tiene que apuntar de acuerdo a sus necesidades, y no siempre va a ser el mismo, así como en la situación de tensión de la lucha de clases de los ´60 ´70, el enemigo interno era el “subversivo”, el “guerrillero”, el “terrorista” etc., después del 83 aparece la figura de lo que  hoy caracterizan los medios como el “pibe chorro”, “el piraña”, el “moto chorro”, etc., es decir, ya hay una construcción ideológica que va más allá de la real confrontación con el sistema, porque ese pibe no quiere hacer la revolución, y sin embargo es el blanco de una parte  muy importante, mayoritaria, de las herramientas represivas del Estado. La idea que subyace en esta definición que nos dieron es la misma que padecieron los sobrevivientes de los campos de concentración, cuando desde algunos organismos les reprochaban “si ustedes están vivos es porque traicionaron”.

 Los revictimizaban.

 Exacto. Era una versión, digamos, a la inversa de “en algo andaría”, que es lo mismo que pasa con el pibe fusilado por la cana, te dicen “y bueno, pero, ¿qué estaba haciendo?” Es la primera pregunta del periodista,  cuando tenés la suerte que un periodista pregunte. Ex Detenidos, desarrolla brillantemente un concepto en el documento fundacional, donde explican que es el Estado el que eligió, es decir, eran los represores los que eligieron quién iba a sobrevivir y quién no, porque además necesitaban que algunos sobrevivieran para que el terror circulara.Si vos, en ese momento no conocías que el desaparecido no estaba escondido en algún lugar, ni estaba preso en una mazmorra de la que algún día iba a salir, sino que lo habían tirado al río desde un avión, y que había torturas, no lograbas el efecto de disciplinamiento. Que la militancia haya logrado que todo ese relato  se convierta en impulso para más organización, reivindicación y pelea, es otra historia. En el momento generó terror y parálisis como se ve en los primeros años después de la dictadura, no hubo represión selectiva a trabajadores organizados porque no había trabajadores organizados prácticamente, por algo el primer muerto en una movilización popular llega ya en 1995,  el 12 de abril en Ushuaia, con Víctor Choque y recién dos años después Teresa Rodriguez es la siguiente, el mismo día, 12 de abril. 
 A medida que nos íbamos juntando, y veníamos con el informe: “estuve en tal lado” “me dijeron tal cosa”, “estuve en tal lado”, “me sacaron cagando…”,  del APDH, nos echaron, nos echaron directamente. Graciela Fernández Meijide, le dijo a un compañero: “No me vengas con historias de policías y ladrones”.

 Tal cual discurso mediático…

 Sí, impresionante. Por eso te digo que nosotros venimos vacunados contra un montón de cosas desde la cuna de la organización, esa fue la primera pelea que nosotros tuvimos que enfrentar, afortunadamente logramos darla con suficiente fuerza como para que hoy discutamos con un sector de la sociedad, pero no con toda, que el gatillo fácil existe, que las detenciones arbitrarias existen, que la tortura existe, que hay una política represiva del Estado que se expresa en democracia de forma distinta a la que se expresa en dictadura donde la herramienta es el terrorismo de Estado.  Fue pasando el tiempo, mientras tanto crecía la experiencia de Budge. Se había armado una comisión de amigos y vecinos, y nosotros nos habíamos vinculado con toda esa movida sin ser protagonistas, pero empezamos a coordinar y discutir con los compañeros que estaban organizando  en Budge, y algunos de ellos se sumaron a este grupo.
 (…)
 Dijimos: acá lo que hay que armar es una herramienta específicamente para organizar y promover la lucha anti-represiva, pasamos ahí a una segunda etapa: ¿de dónde sacamos militantes? Porque nosotros, más los compañeros de los barrios con los que veníamos haciendo actividades debido a los fusilamientos, no alcanzábamos. Salimos a hacer una convocatoria a las organizaciones políticas, típicas reuniones multisectoriales, venía todo el mundo, no todos en principio... Fue tan difícil explicarlo en las organizaciones políticas, estudiantiles y demás, como en los organismos, en un momento de mucho reflujo, donde no había una vida como tenés ahora donde todas las organizaciones participan en todo tipo de quilombos, y al principio, sobre todo los que tenían más construcciones barriales, la fueron pescando, porque conocían casos, era una vivencia real, y algunas organizaciones empezaron a destacar compañeros para empezar a ver qué se armaba. (…) Yo tenía la convicción de que lo que había que generar no era  un frente de organizaciones sino, justamente una organización con vida y organización propia donde por supuesto, desde el principio nos planteáramos que pudieran  militar compañeros destacados por sus organizaciones políticas sindicales, culturales, estudiantiles o lo que fuera, o, compañeros con militancia pero que intervengan a título individual, no por un acuerdo de sus organizaciones con nuestro planteo. Y en eso estábamos discutiendo la forma y qué se yo, con todas las dificultades como todo lo que tiene que ver con la militancia de izquierda, cuando nos cayó el meteorito en la cabeza: Walter Bulacio, entonces, de estar debatiendo ese tipo de cosas, al día siguiente estábamos organizando, bajando las consignas y discutiendo en la cabecera de una marcha con 10.000 personas. Fue un shock violento que nos obligó a ponernos los pantalones largos, que nos permitió entender la potencialidad real de lo que estábamos discutiendo desde hacía hace años atrás. Fue un shock. Nosotros nos reuníamos los martes. (…) El martes anterior a que nos contactara Víctor Bulacio , éramos seis, el siguiente no entrabamos, porque naturalmente ahí sí, estaban todas las organizaciones que le habían sacado el culo a la jeringa, con la potencialidad que tenía esa movilización en un mundo completamente chato, como era abril de 1991, en Argentina.
 Se aceleró todo el proceso de discusión orgánica que tiene, como yo digo, nuestro lado interesante, otras de nuestras marcas en el orillo, porque a lo largo de toda nuestra discusión de qué hacemos y cómo hacemos, lo veníamos haciendo. Hay incluso compañeras y compañeros, que hoy militan en CORREPI, que son  casos de esa época, Estela Rivero, por ejemplo, es la mamá del Peca Rivero asesinado en Rafael Castillo en 1989 (…) por eso digo que  el primer día que salimos a la calle con la bandera de CORREPI no fue el primer día que militamos, veníamos de cinco años acumulando. De hecho, Víctor Bulacio, el papá de Walter,  no llega buscando a tal o cual abogado por una recomendación o por casualidad. Cuando Walter estaba con vida internado en el sanatorio Mitre, Víctor estaba en una situación donde por un lado sabía que tenía que hacer algo, por otro lado, estaba sobrepasado por la visibilidad que tuvo el caso desde el primer momento por una serie de casualidades que atravesó la barrera mediática y salía en primera plana de los diarios: “Agoniza el estudiante golpeado en el recital de los redondos”. Le golpeaban la puerta de la casa, incluso el socio del que después iba a ser el abogado del comisario Espósito, (…) así como fueron también, abogados de organizaciones políticas y él no sabía, sentía que no tenía criterio para decir este sí, este no, ¿en quién confío?, ¿quién es un carancho?, ¿quién no lo es? Entonces recurrió a una amiga de él, y la suerte quiso que esta amiga a la que recurre porque era una militante, era compañera en la vida y de militancia de Martha Ferro, la única periodista que nos daba pelota.
 Martha nos había conocido por unos de estos primeros casos de Matanza y venía tratando de filtrar en Crónica todo lo logrado en cada caso que nosotros denunciábamos y demás. Cuando Muñeca le dice a Martha “che, el papá del pibe de Los Redondos no sabe qué hacer, a quién recurrir para la causa”, entonces Martha le contesta que los vaya a ver a estos pibes (CORREPI), y ahí el vínculo se produce a partir de la experiencia previa que veníamos teniendo.
 Se estabilizó un grupo de compañeros, aceitamos también los vínculos con las organizaciones políticas (…) para fin de ese año ya sabíamos que nos íbamos a llamar coordinadora, no porque coordináramos en el sentido de ser nosotros internamente una coordinadora, sino por el objetivo, no entendíamos la militancia anti-represiva que atraviesa transversalmente toda la clase sin una vocación permanente de coordinación hacia afuera, permanente, o por casos puntuales, desde el EMVyJ. Como ejemplo de coordinación permanente: la Coordinadora Oeste o la Coordinadora sur, o la Coordinadora contra el gatillo fácil de La Plata, que son espacios de coordinación permanente en los que intervenimos, y coordinación donde intervenimos por hechos puntuales: campaña por los Petroleros de las Heras, presos políticos, la libertad específica de tal o cual, o Luciano Arruga, y nos definimos entonces como coordinadora contra la represión policial e institucional.
 El problema que teníamos era que no nos salía ninguna sigla que se pudiera pintar en una bandera, o en una pared, que se pudiera pronunciar, porque si vos tomás las iniciales te sale cualquier verdura, y se había llegado al punto del ridículo total de recortar las sílabas y recortar papelitos y ver qué armamos, parecía que estábamos jugando al scrabble, ya diciendo cualquier pavada ¿viste cuando se descompone el clima y empezás a decir cualquier cantidad de estupideces?  En ese clima jocoso, un pibito de 16 años, se fue a la cocina a cambiar la yerba del mate, boludeaba con las palabras raras que salían, algo raro, parecía un pegamento de los dientes o un cacareo de una gallina a la que le estabas retorciendo el cogote, de repente se pone a hacer un cantito y dice “corré pibe, que viene la yuta, corré pibe, que viene la yuta” y ahí nos miramos y dijimos CORREPI, por eso nos sobra una erre, por eso no hay puntitos, y va todo con mayúscula. 





Gracias profesora en Lengua y Literatura, Charly Lopardo, por la edición.