El sistema de apariencias que signa
nuestra identidad sexual
Solemos sostener un sistema de apariencias que responde a distintos intereses. El sistema de apariencia puede abarcar desde cómo nos vestimos hasta cómo disponemos los muebles de la casa. La identidad de género se expresa, entre tanto, en la elección de la vestimenta. Reflexionaremos cuáles son algunos de los intereses a los que responde la construcción de la apariencia femenina, pero antes señalaremos cómo las instituciones educativas asumen posturas represivas sobre sus estudiantes mujeres.
LLama la atención la forma en la que se intenta tapar el cuerpo de la mujer en los establecimientos educativos, y la manera en la que esta insiste en descubrirse y resaltar las partes que la sociedad le ha impuesto como eróticas. En muchos colegios no se permite el uso de polleras cortas o escotes pronunciados (entendemos que el margen es tan relativo como caprichoso), casi siempre bajo el argumento enclenque: "esto es un colegio, no un boliche" o "tapate que estás provocando". Sin pretender ser demasiado transcendental, asumiendo que hay una convención en todos los ámbitos sociales respecto al empleo indumentario (absurda o no, esta convención existe) en el consenso sobre la "adecuada" apariencia femenina dentro de la escuela podemos destacar dos fenómenos relacionados con el sexo y la identidad de género. Pensaremos al sexo como una atribución biológica capaz de ser moldeada por la sociedad porque se interpreta a partir de una construcción conceptual-cultural, y a la identidad de género como la forma en la que se traduce en los individuos lo que se supone femenino y masculino (construcción binaria de la identidad sexual). Aquí entonces afirmamos que en el proceso de edificación del concepto de la feminidad, la sociedad es un actor relevante, porque carga sobre el sexo una serie de expectativas tales como la orientación sexual o comportamiento genérico, es decir ¿quién te debe gustar? ¿cómo debés actuar en el mundo? o ¿cómo debés vestirte? Por otra parte como la construcción de identidad de género es dicotómica, no hacemos más que pensar a lo masculino y femenino en términos de oposición. Bajo estos condicionantes observamos que muchas estudiantes tienen la apariencia que les propone el modelo de belleza femenino, aquel que dice que son bonitas en cuanto resaltan su erotismo.
LLama la atención la forma en la que se intenta tapar el cuerpo de la mujer en los establecimientos educativos, y la manera en la que esta insiste en descubrirse y resaltar las partes que la sociedad le ha impuesto como eróticas. En muchos colegios no se permite el uso de polleras cortas o escotes pronunciados (entendemos que el margen es tan relativo como caprichoso), casi siempre bajo el argumento enclenque: "esto es un colegio, no un boliche" o "tapate que estás provocando". Sin pretender ser demasiado transcendental, asumiendo que hay una convención en todos los ámbitos sociales respecto al empleo indumentario (absurda o no, esta convención existe) en el consenso sobre la "adecuada" apariencia femenina dentro de la escuela podemos destacar dos fenómenos relacionados con el sexo y la identidad de género. Pensaremos al sexo como una atribución biológica capaz de ser moldeada por la sociedad porque se interpreta a partir de una construcción conceptual-cultural, y a la identidad de género como la forma en la que se traduce en los individuos lo que se supone femenino y masculino (construcción binaria de la identidad sexual). Aquí entonces afirmamos que en el proceso de edificación del concepto de la feminidad, la sociedad es un actor relevante, porque carga sobre el sexo una serie de expectativas tales como la orientación sexual o comportamiento genérico, es decir ¿quién te debe gustar? ¿cómo debés actuar en el mundo? o ¿cómo debés vestirte? Por otra parte como la construcción de identidad de género es dicotómica, no hacemos más que pensar a lo masculino y femenino en términos de oposición. Bajo estos condicionantes observamos que muchas estudiantes tienen la apariencia que les propone el modelo de belleza femenino, aquel que dice que son bonitas en cuanto resaltan su erotismo.
¿Cómo está pensado el erotismo en nuestra sociedad patriarcal?
El erotismo se halla como un atributo exclusivo del cuerpo de la mujer, y no de todo su cuerpo, si no de sus senos, glúteos, y todo cuanto de vuelta alrededor de esas zonas. Escotes, polleras, musculosas, y prendas cortas son ideales para lucir el modelo de belleza anteriormente expuesto (también son geniales para tolerar el calor, eso no se irá a poner en tela de juicio). Así se intenta, con bastante éxito, practicar el determinismo biológico sobre el sexo y la mujer opta por exposición localizada para denotar su "belleza" (no sucede siempre de esta manera, hay muchas razones por las que se expone el cuerpo y no todas responden al deseo masculino) traduce en su apariencia lo que se considera "bello y femenino". La escuela, por otro lado reprime esta sensualidad porque primero: asume que la mujer tiene como única orientación sexual al hombre y por tal busca su deseo, segundo: es incapaz de exigirle al género masculino que respete a la mujer dado que responde a la lógica que favorece su emancipación e inocencia.
Concluyendo, la consideraciones de belleza no son arbitrarias y mucho menos inocentes, son un factor incisivo en el sistema de apariencias y en un sistema patriarcal responden a los intereses de la jerarquización masculina que en discurso directo nos dice "las partes de tu cuerpo que te hacen lucir hermosa son estas, pero si te descuidás un día te voy a violar por mostrarlas y la culpa va a ser indiscutiblemente tuya".
La violencia que atraviesa el cuerpo femenino se traza en las prácticas escolares, más allá de la manera en la que se presentan los sistemas de apariencias debemos asumir que todos los seres humanos tenemos cuerpos eróticos, pueden convivir en esta cualidad el disfrute y el respeto. El colegio debe dejar de impartir una formación discriminatoria y capacitarse para pensar una educación donde el género forme parte de la identidad y no sea un móvil de la desigualdad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario